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Trastornos alimentarios en adultos

Muy poca repercusión parecen tener los trastornos alimentarios en los adultos, y podría parecer que es una patología muy poco frecuente a partir de los veinte años. Pero la realidad es muy distinta: cada vez hay más casos de hombres y mujeres que llegan a los treinta y cuarenta años con un trastorno alimentario de una muy larga evolución, a menudo tan interiorizado que parece ya más un estilo de vida o una parte de uno mismo, que una enfermedad que hay que tratar.


Afrontar un tratamiento en estas etapas de la vida no es tan sencillo como se pudiera pensar: para quien ha convivido con un trastorno alimentario gran parte de su vida, tomar la decisión de comenzar un tratamiento puede ser complicado, ya que normalmente es algo que se ha llevado muy en secreto, que causa mucha vergüenza y estigma; a menudo se ha mentido durante años a familia y parejas para poder seguir ocultando esta enfermedad; casi siempre también a uno mismo.


Existe la dificultad añadida de que cuando se busca información sobre los tratamientos suelen aparecer centros especializados en adolescentes, con lo que puede resultar complicado sentir que se está acudiendo a un lugar donde poder compartir experiencias e inquietudes similares.



¿Qué trastornos alimentarios se dan en los adultos?

En adultos encontramos los mismos trastornos que en la población adolescente. Los más conocidos son la anorexia y la bumilia, además de otros como la ortorexia o la vigorexia, pero éstos no son los más frecuentes. La gran mayoría de adultos que acuden a tratamiento lo hacen por un trastorno por atracón o ingesta compulsiva: son los también llamados comedores compulsivos. Es una patología poco conocida y que pasaría desapercibida si no fuera por una de sus consecuencias más evidentes: la obesidad. De hecho casi la mitad de los casos de obesidad son debidos a un trastorno por atracón subyacente.

Si bien la anorexia se caracteriza por restringir las cantidades de comida que se ingieren, y la bulimia por hacer atracones y luego realizar una purga, en la ingesta compulsiva se llevan a cabo atracones sin la subsiguiente purga, o bien se come de forma emocional, sin hambre, como herramienta para gestionar emociones que resultan difíciles de soportar, como frustración, estrés, sobrecarga emocional, soledad, aburrimiento, miedo.. En cualquiera de los casos, a la larga se acaba ganando peso de forma progresiva. Y cuando se busca ayuda para solucionar este trastorno, casi siempre se obtienen tratamientos para la obesidad, que es la consecuencia y no la auténtica causa del problema.

El resultado de haber buscado y probado variados tratamientos y dietas con diversos profesionales, es acabar sintiendo un todavía más elevado malestar con el cuerpo y con la dificultad para controlar su relación con la comida, además de acabar sintiendo que no tiene "fuerza de voluntad". Pero para quien padece un problema de ingesta compulsiva el hecho de hacer dieta sin resolver los motivos de esta relación insana con la comida, le va a resultar muy complicado poder cumplirla o mantenerla en el tiempo, con lo que va a sentir que ha fracasado, que no tiene suficiente fuerza de voluntad, que no vale la pena intentarlo, y va a acabar manteniendo e incluso empeorando su trastorno.


Si quieres saber si padeces un trastorno alimentario, te invito a contestar las siguientes preguntas. Estos breves test de formato autoaplicable en ningún caso constituyen un diagnóstico, tan sólo una orientación acerca de los síntomas que pueden ser reveladores de la posible presencia de un trastorno alimentario.


Test Anorexia

Test Bulimia

Test Ingesta Compulsiva